Todos Los Lugares Que Mantuvimos En Secreto - I... -

El "- I" de nuestra historia comienza ahí. En la geometría sagrada de la niñez. Ese lugar nos enseñó que el secreto no es una jaula, sino una armadura. Si pensamos en la adolescencia, el mapa secreto se expande. Abandona las paredes de la casa y se vuelve nómada. El primer lugar secreto por antonomasia de esa época es el automóvil. No cualquier automóvil. El nuestro o el de un amigo con el tanque lleno de promesas y el cenicero rebosante.

Aquí el secreto es diferente. No es compartido. O sí, pero con los fantasmas de los autores que habitan las páginas. Mantuvimos en secreto esos lugares porque eran los únicos donde podíamos dejar de interpretar un papel. Donde podíamos llorar sin vergüenza, reír a carcajadas con un poema o simplemente existir sin ser vistos.

Todos los lugares que mantuvimos en secreto - I: La Cartografía de lo Invisible Todos los lugares que mantuvimos en secreto - I...

"Todos los lugares que mantuvimos en secreto - I..." es, en el fondo, una carta de amor a esas coordenadas que ya no existen en el mapa físico, pero que trazamos todos los días en el mapa de nuestra memoria. Es el índice de nuestro atlas personal.

La sección "- I" de este artículo nos recuerda que, antes de amar a otro, debemos amarnos en secreto. Y para eso necesitamos un lugar. Un banco en un parque que nadie más ocupa. Una mesa en la última fila de una cafetería. El rincón de la terraza desde el que se ve el atardecer sin testigos. Luego está el lugar secreto del amor furtivo. El que no se le cuenta a nadie porque aún no tiene nombre, o porque es ilegítimo a los ojos del mundo. Es habitación 12 del Motel Las Palmeras, en algún lugar entre dos ciudades. Es el apartamento de un amigo que está de viaje. El "- I" de nuestra historia comienza ahí

La primera ley de estos lugares secretos es que no existen hasta que son compartidos. Un callejón vacío es solo un callejón hasta que dos personas lo convierten en su atajo particular. Una escalera de incendios es solo hierro oxidado hasta que se convierte en el balcón desde el que se ven las estrellas urbanas. Lo secreto no está en el ladrillo o el asfalto; está en el pacto. Pensemos en el primer lugar que todos tuvimos que mantener en secreto. No fue por amor. Fue por miedo. El armario de la infancia, el rincón detrás del sofá, la caseta del jardín donde nos escondíamos durante las tormentas o las peleas de nuestros padres. Ahí aprendimos el arte primitivo de la ocultación.

"Todos los lugares que mantuvimos en secreto - I..." suena al tintineo de latas al abrirse bajo las estrellas. Suena a risa que se pierde en el viento. Suena a "nadie lo va a entender, y eso está bien". ¿Por qué escribimos este listado? ¿Por qué categorizar lo que debería ser intangible? Porque hay un momento en la vida en que esos lugares secretos empiezan a desaparecer. El automóvil es vendido. La biblioteca olvidada se convierte en un Starbucks. La azotea es clausurada por la junta de vecinos. El sótano de la infancia es tapiado. El motel de carretera es demolido para construir una rotonda. Si pensamos en la adolescencia, el mapa secreto se expande

Estos lugares no aparecen en ninguna línea de tiempo oficial de nuestras vidas. Quienes preguntan por nosotros creen que estábamos en casa, en el trabajo, o de compras. Pero estábamos ahí, en esa cama de sábanas ásperas, construyendo un universo paralelo de dos.